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[Once meses sin aportar nada es demasiada vaguería. Quizá lo dejé porque lo que leo no suele estar en las mesas de novedades. ¿Qué importa?, me he dicho esta mañana. Esto es algo íntimo. Todo lo más, para curiosos].

jueves, 23 de junio de 2011

día 1954. “Ya nos morimos de tiempo”, el One Hit Wonder de Adolfo Velázquez Garaña


Estaba ya teniendo alguno problemas de organización (recién me he referido a un libro de una amiga, ¿conviene hablar del de otra, recién publicado?; y zarandajas así), cuando me surge un problema “verdadero”. He leído un magnífico libro mexicano, editado en España en 1976, cuyo autor, cercano a Rulfo en la textura, le gana en que nada más escribió un libro: este. A no ser que A. V. Garaña sea el heterónimo usado una vez de un autor más prolífico. O el nombre verdadero de quien después escribió con otro nombre.

De él, he encontrado un cuentito-nana (algo aterrador), en la web de una asociación folklórica asturiana (http://danzatradicional.com/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=956&te=16&idage=958&vap=0), y este libro. Como un arquitecto mexicano del mismo nombre estudió por acá y acostumbra a pasar algún verano en Celorio, cabe pensar que estamos hablando del mismo. ¡Ah, y de este libro, solo quedan 3 ejemplares! Uno en una librería de viejo de Torrelodones, por 19 euros; otro, en Jaén, por 8; y un tercero en Mataró, por 5.

Y mi problema era, ¿cómo voy a hablar de un libro si quien me lea no lo va a poder leer? Pues hablando, con desvergüenza y sin miedo a estropear finales o principios.

El título está sacado de una frase de uno de los cuentos. Son nueve, los cuentos; más un prólogo de Sabino Alonso-Fueyo, quien se lució al escribir en él: «Se trasluce una vocación literaria irresistible». Luego, informa de que es arquitecto y que se considera al mismo tiempo asturiano, porque sus padres eran de Celorio de Llanes.

Todos los relatos tienen esa textura rulfiana del desierto, el sol, la sequía, la pobreza (hay uno de pescadores). La pobreza, me repito, la muerte y la rareza. Y una escritura que a veces te saja como el bisturí de un cirujano muy hábil.

Ante de poner extractos, diré que el último cuento alterna dos historias, prácticamente cada párrafo es de una. En la primera se describen los sufrimientos de un hombre mordido por una serpiente coralillo; en la segunda, la violencia de una pelea de gallos. Como no es fácil que lo leáis, estropeo el final al decir que estas dos historias son la misma, y que la escena de la pelea de gallos antecede en 18 horas a la otra, porque fue el ganador, que consiguió el premio que le permitiría el sueño de comprar sus tierras rentadas, fue el hombre mordido a muerte por la serpiente. ¡Y no me di cuenta de ello hasta la última página! Aunque no sea yo muy listo, nunca presumí de ello, que el “truco” funcionara a lo largo de 20 páginas da idea del autor “que prefirió resistirse a su vocación literaria”, y del que, a falta de otras cosas, puedo poner su foto de cuando era un guapo mozo estudiante y escritor.



«Cuando venía para acá corriendo como loco, para darles razón de lo que me dijeron, se me azotaban a la cabeza muchos pensamientos, que de tantos que eran ya no sabía ni lo que pensaba, pero aluego me di cuenta que el que más clarito sentía era uno que me decía y me repetía que el Tadeo casi se miraba contento; y ahora que estaba yo ahí, en el rincón, parado, viéndolos rezar, creo que puede que tenga razón, debe de estar contento, pues ahora ya no pasará más hambres, ni fríos, ni penas como nosotros, ni verá cómo se seca la cosecha por falta de agua, ni sentirá cómo se va muriendo la piel sobre los huesos poquito a poco. Se quedará joven, fuerte y duro como la tierra, entero con su voz de trueno... “Me llamo Tadeo Covarrubias”, les dijo, y ellos se quedaron mudos, fríos, como si fueran de palo, sin decir palabra. Sí, está contento; no se ríe pero está contento... Yo no. Yo ya nunca lo estaré.»

«Escuriéndose como la noche, sale Manuel de la casa sin que nadie lo note siquiera, mientras el siseo de las oraciones continúa adentro, hinchando las paredes.
En la oscuridad ya duelen seis tiros sin disparar todavía.
[...]
–¿De veras crees que es inocente?
–Cállate, por el amor de Dios, ¿es que no te de miedo hablar tanto, oliendo la muerte tan cerca?
–Me da más miedo el silencio, nuestro silencio inútil, ese me da más miedo que todas las muertes.»

Ya luego, me quedaba soñando y me perdía en el tiempo, que no tiene rumbo ni olor. Y mis sueños mojados caían pesados hasta el suelo, que los chupaba para convertirlos en ríos. Yo creo que los sueños de la gente pobre son como corrientes de agua de cristal, que van por la milpa y no la mojan, porque huyen de sí mismos sin poder volver. Por eso las piedras que se topan al paso no se mueven por más que les peguen, porque están hechos de nada. Qué solo mi sombrero, colgado de un clavo en la pared.
Pero los sueños del pobre no tenían entrada en la casa del patrón, y el trabajo se venía duro y argo a cambio de unos golpes y unas hambres.»

«Don Etelvino bajará al atrio de la iglesia para conversar por única vez en el año con sus vecinos. La plaza vestirá banderitas de colores y algún balazo atronará el aire festivo para ser escuchado por todos con indiferencia. Fiesta sin difunto no es buena fiesta, pregona el refrán.»

3 comentarios:

  1. Me encanta, huele a escritura de verdad, a origen, a tierra.
    Como la expresión: "se me azotaban a la cabeza muchos pensamientos",a veces, he escuchado "anda, que estás mal de la azotea".

    Al leer lo del hombre mordido por una serpiente me acordé del cuento de Horacio Quiroga "A la deriva", he buscado el enlace por si alguien no lo ha leído: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/quiroga/hq.htm

    Después vi lo de las dos historias, eso demuestra su sabiduría al enlazarlas.

    Y ahora voy a buscar el enlace que pones. Ya ves, aprovecho ratitos para leerte.

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  2. Gran regalo, ISABEL, no solo el cuentito de la serpiente, sino todos los cuentos de H. Quiroga que hay ahí.

    Sí que hay aquí una de esas escrituras a las que se les pega el complemento "de verdad".

    Un abrazo

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